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No-Relato de sumisión lésbica 1

en Lésbicos

―No.

Me estremezco porque jamás lo ha dicho así, con tanta firmeza y convicción. Hay algo que me mantiene enganchada a ella y a la forma en la que me mira desde la puerta de la habitación. Cojo el tanga, pero antes de ponérmelo sus manos sostienen mis muñecas con fuerza tras mi espalda. Siento su aliento en mi cuello.

Entonces llega el castigo que había estado esperando desde que he cogido la prenda, desafiante. Y lo quiero, me muero por que lo haga. Gimo al recibir el azote, que hace eco en la habitación. Mi corazón se desboca y dejo caer mi cabeza hacia atrás, apoyándola en su hombro. Arrastra los dedos por uno de mis costados, en sentido ascendente, hasta posarse en mi pecho.

Cierro los ojos, sé perfectamente lo que va a ocurrir y permito que la excitación recorra mi cuerpo al completo. Como si se tratara de una coreografía ensayada mil veces, me adelanto a los acontecimientos y arqueo la espalda, ofreciéndome a ella. La oigo suspirar, consciente de que también le gusta que conozca sus movimientos. Pero justo por eso se detiene y alarga la espera. El tiempo se dilata, hace que lo sienta en cada poro de mi piel.

Por fin.

Arrastra las uñas por mi pecho y toma con fuerza mi pezón. Juguetea con él, presionándolo entre sus dedos y luego lo araña. Aprovecha la posición para empujarme hacia la pared. Ahogo un quejido cuando la parte delantera de mi cuerpo toca esa superficie helada. Ella sigue ahí y disfruta al notar cómo mi piel se eriza. Me toma de los hombros, obligándome a darme la vuelta y siento el frío otra vez. Ahora conecta sus ojos con los míos y me cuenta en su mirada qué viene ahora.

―Te he dicho que no te vistas ―me susurra al oído―. No hemos terminado.