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Adivinen la Verdad

en Confesiones

ADIVINEN LA VERDAD.

Este relato, verídico en su totalidad, tiene dos versiones; la de él y la de ella. Yo sé cual es la verdadera. Sin embargo, no la explicaré pues espero que ustedes adivinen quién de los dos miente.

Ocurrió cuando Mireya tenía catorce años y Julián dieciséis. También sabrán el motivo de que yo conozca lo sucedido y la verdad.

Mireya me explicó su versión, aunque yo ya conocía lo que en realidad ocurrió pero nada le dije y la escuché hasta el final sin hacer un solo comentario. Lo que ella me explicó fue:

La causa por la cual mi hermano Julián y yo nos encontramos solos en casa durante una semana ya la conoces y no es necesario que te la explique. También sabes que ocurrió durante el mes de julio. Hacía calor. El balcón del cuarto piso daba a la calle, y frente no había edificios tan altos como el nuestro. El balcón permaneció abierto todo la noche porque hacia un calor sofocante.

Yo tenía mi habitación y mi hermano la suya, pero, al estar solos en casa la primera noche en mi habitación me costó mucho trabajo conciliar el sueño a causa del miedo. Me parecía oír ruidos por todas partes y hasta creo que veía fantasmas y toda clase de sombras amenazadoras. Ya sabes que soy muy miedosa. El miedo fue el que me llevó a la cama gemela de la habitación de mi hermano y llegué a ella cuando ya dormía como un tronco. Sabes que entre las dos camas estaba la mesilla y a los pies de mi cama el armario de luna. Dormí toda la noche de un tirón pero el reloj de la Caja de Ahorros, que tenía un carillón muy sonoro y estaba cercano a nuestro edificio, me despertó a las siete de la mañana con sus campanadas. El sol entraba a raudales por la ventana y prometía ser un día tan caluroso como el anterior.

Lo primero que vi al abrir los ojos fue a mi hermano durmiendo en la otra cama. Llevaba puesto solo el slip, pero por el elástico de la pernera le asomaba una erección que le llegaba al ombligo. También sabes que Julián tiene una herramienta descomunal. Aún hoy, después de haber conocido bastantes hombres, no he conocido ninguno con las dimensiones de Julián. No te voy a decir que la visión de su verga no me excitara porque te mentiría y me excitó más porque se estaba acariciando, quizá porque tenía un sueño sexual, no se masturbaba, no, nada de eso, sólo se acariciaba.

La verdad sea dicha es que me puse cachonda ante la visión de aquel tremendo falo. Llevaba puesto un camisoncito que debido al sueño se me había enrollado a la cintura y como dormía sin bragas, costumbre que he tenido toda la vida, mi mano alcanzó fácilmente mi sexo. Yo tengo una forma de masturbarme que no sé si es habitual en las demás mujeres. Mientras mi pulgar frota el clítoris, mi dedo corazón lo introduzco en la vagina y así me doy gusto hasta llegar al orgasmo. Aún ahora que ya tengo hijos y llevo años casada, necesito a veces masturbarme porque mi marido se preocupa poco ya de que llegue al orgasmo; la verdad es que las más de las veces me quedo a la Luna de Valencia.

Bueno, pues aquella mañana, tuve un pequeño orgasmo mirándolo. Él no dejaba de acariciarse y yo seguí masturbándome y cuando estaba a punto de lograr un intenso orgasmo veo que de repente se levanta de la cama, se quita el slip y se me hecha encima como una exhalación. Lo hizo de forma tan rápida que sólo tuve tiempo de taparme hasta la barbilla. Noté su gran erección presionando contra mi vientre, pero sujeté las sábanas con fuerza amenazándolo con gritar, pero él no cejaba en su empeño:

-- Mira que grito y vendrán los vecinos – le dije y me contestó:

-- Ya puedes gritar, ya, que nadie te oirá y lo sabes, así que déjame que te la meta y verás que bien lo pasamos.

-- No quiero, y mira que grito, te lo digo de verdad – volví a insistir, sujetando la sábana pero sin empujarlo porque, quizá en el fondo estaba deseando sentir dentro de mí aquella tremenda erección.

-- No tengas miedo, mujer, déjame que te lo chupe, verás como te da mas gusto que masturbarte.

-- Yo no me masturbo, imbécil.

Yo seguía aferrada a las sábanas cuando él comenzó a chuparme el lóbulo de la oreja diciéndome que me comería el sexo hasta hacerme bramar y otras guarradas por el estilo mientras me chupaba el cuello y el lóbulo. Al mismo tiempo, estiraba hacia arriba de la sábana hasta que quedó enrollada sobre nuestros vientres. Sus muslos quedaron desnudos sobre los míos que tenía fuertemente apretados. Dirás que lo lógico era haberle dado una bofetada o una patada, pero no hice nada de eso, sólo protestar sin moverme de la cama de la que hubiera podido saltar muy fácilmente dándole un empujón escapándome a mi habitación y cerrando la puerta por dentro, pero no lo hice.

Le dejé que siguiera subiendo la sábana y el camisón hasta que tuvo mis pechos a la altura de su boca. Cuando comenzó a chuparme un pezón supe que no podía nada contra él que siguió bajando hasta que su boca quedó a la altura de mi sexo. Tampoco hice gran esfuerzo cuando me separó los muslos y me abrió la vagina con los dedos para hocicarse y comenzar a lamerme todo el sexo con un ansia enfebrecida. Era la primera vez que me hacían el sexo oral y creí que me desmayaba de placer cuando me llegó el orgasmo. Jamás había sentido nada parecido ni tenía idea de que los orgasmos pudieran ser tan poderosos como para quitarte el sentido de la realidad.

Quise apartarlo, pero ya no tenía fuerzas y le dejé que siguiera comiéndome hasta que de nuevo sentí que el placer regresaba. Ya no era virgen, me habían desvirgado dos años antes, pero esa es otra historia. No obstante, sentí la necesidad de notar dentro de mi vientre aquel poderoso falo. Lo agarré del pelo y estiré hacia arriba y supo enseguida lo que deseaba, Me abrió la vagina y su enorme cabeza se incrustó en ella dilatándome de tal forma que por un momento creí que no podría entrar toda dentro de mí y separé los muslos todo lo que pude. Empujó con fuerza aunque sin violencia y logró calzarse media tranca y allí se detuvo para besarme, pero aparté la boca. Me sujetó la cara con las dos manos mientras seguía metiendo su descomunal verga dentro de mi sexo poco a poco. No me quedó más remedio que abrir la boca y juntar su lengua con la mía.

Fue una sorpresa comprobar que su lengua sabía dulce como el azúcar. Comenzó a bombearme despacio y tuve otro orgasmo frenético casi de inmediato. Y otro a los dos minutos y así tres o cuatro veces hasta que noté en el fondo de mí vagina los golpes algodonosos de su tibia esperma golpeando contra mi útero con una fuerza inusitada. Noté tanto placer que le sujeté las nalgas con las manos contra mi sexo con todas mis fuerzas. Estuvo eyaculando lo menos dos minutos. Nunca, jamás me he sentido tan inundada de semen como aquella vez. Creí que no acabaría nunca. Mis orgasmos se sucedían uno detrás del otro sin interrupción, porque, pese a haber eyaculado tan abundantemente siguió bombeándome con la misma potencia y volvió a eyacular dos veces más antes de sacármela. Fue increíble. Pese a todo, nunca jamás volví a permitir que me tocara, aunque sé que Julián ha estado enamorado de mi toda su vida. Incluso ahora lo está, lo sé muy bien y él también sabe que yo lo sé.

Hasta aquí, la historia que me contó Mireya. La que me contó Julián fue exactamente igual hasta el momento en que el carillón de la Caja de Ahorros lo despierta. Tenía una erección de caballo a causa de las enormes ganas de orinar pero, a través del espejo y con los ojos casi cerrados se dio cuenta de que su hermana le estaba mirando la erección mientras se masturbaba, caso que notaba por el leve movimiento de la sábana a la altura de su sexo.

Ella se detuvo un momento- me dijo sonriendo – y supe que había tenido un orgasmo, pero como continuó masturbándose cuando creí que estaría a punto de tener otro salté de la cama, me quité el slip y me puse encima con la erección aprisionada entre nuestros vientres. Me amenazó con gritar llamando a los vecinos, pero no le hice caso, la verdad, amigo, es que quería gozarla. Mi hermana no es una mujer guapa pero si es muy atractiva y aunque es tan pequeñita como Jodí Foster se parece bastante a la atríz, tanto en el cuerpo como en la cara. Siempre ha estado muy buena y creo que tu ya lo sabes ¿no?.

--Si ya lo sé, pero sigue – respondí.

Si hubiera continuado insistiendo seguramente la hubiera disfrutado. Pero no insistí porque reventaba con las ganas de orinar de modo que salté de la cama y me fui al baño. No podía orinar y tuve que esperar a que se rebajara la erección. Pasaron lo menos cinco minutos. Cuando regresé a la habitación desnudo y con el mimebro mirando al suelo Mireya sonrió burlonamente. No sé lo que me pasó pero no volvía insistir. Sé que ella tenía ganas pero no insití, me puse el slip y me tumbé a dormir de nuevo pues, aunque el sol lucía espléndido, me había acostado tarde por lo que decidí seguir durmiendo y no tardé en quedarme dormido. Para cuando desperté ya ella se había ido.

Nos vimos al mediodía a la hora de comer en casa de mis tíos y hablamos como si nada hubiera ocurrido ya que en realidad nada había ocurrido. Por la tarde me fui de parranda con los amigos y regresé bastante tarde a casa. Supuse que ya estaría durmiendo y así era, pero no en su habitación sino en la mía. Pese a que encendí la luz y me preocupé poco por el ruido que hacía no se despertó. Llevaba encima unos cuantos cubatas y, ni corto ni perezoso, me desnudé completamente y me acosté a su lado. Tampoco se despertó pese a que la empujé un poco para hacerme sitio. A pesar de los vapores del alcohol aquello me demostró que de dormida nada de modo que lo siguiente fue levantarle un muslo colocándolo encima del mío para acariciarle el sexo con todo tranquilidad hasta que noté que tenía un pequeño temblor y comprendí que había tenido un orgasmo. Mi mano estaba mojada y supuse que ya podía penetrarla con toda tranquilidad sin que me amenazara con llamar a los vecinos.

Se la clavé poco a poco y, pese al tamaño, se lo tragó entero sin que se despertara, o mejor dicho, continuó haciéndose la dormida. La goce a conciencia y la primera vez tenía tanto semen acumulado que estuve eyaculando bastante tiempo. Sólo entonces reculó para sentirla más profundamente y ya sin decirle ni media palabra la coloqué de forma que los dos teníamos el cuerpo como dos tijeras y en esa posición con toda la vulva abierta a causa de la penetración se pegaba a mi carne su carne húmeda como una ventosa al cristal. En esa posición casi sin moverme la disfruté otras dos veces. También ella disfrutó tantas veces que perdí la cuenta. Luego la arrastré encima de mí, y siguió haciéndose la dormida. En esa posición aún gozaba más deprisa y tan seguido que sus zumos me acariciaban el miembro cada dos minutos y me hacía bramar de placer.

Luego, encendí la luz y le dije que fuera al bidet y se lavara porque quería comérselo. Quizá no te lo creas, pero se levantó con los ojos cerrados y como una sonámbula se fue al baño. Sentí el agua del bidet y el chapoteo al lavarse. Regresó húmeda y sin necesidad de indicarle como tenía que ponerse colocó sus nalgas sobre mi cara y estuvimos haciendo sexo oral hasta que me harté de su licor que manaba como agua de un grifo. Como estaba a punto de eyacular y ya no podía aguantar más, le dije que se lo tragara y fue tan obediente que tragó sin mostrar la menor repugnancia. De nuevo volví a calzármela y estuvimos haciendo el amor hasta que se hizo de día.

Siempre ha estado enamorada de mí y aún lo está. Dices que mi sobrina Marimar se parece mucho a mí, y es lógico que se parezca, soy su padre. Cuando tiene ganas de gozar profundamente me llama por teléfono y nos citamos en un motel de las afueras de la ciudad y nos gozamos uno al otro con el ansia de la primera vez. Nadie me hace gozar como ella, ni siquiera mi novia.

Esta la historia que me contó Julián. Pues bien, uno de los dos miente. ¿Cuál de ellos dice la verdad?

Tengan en cuenta que la verdad está dentro del relato. Pueden enviar sus respuestas por un privado. Responderé a todos, tanto si aciertan como si no.

Saludos.

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